domingo, 25 de junio de 2006

Piedra Fundamental


El texto que sigue es de alejandra Pizarnik, una de mis escritoras, en realidad LA escritora.
Este texto esta sacado del libro El infierno musical , (Bs As, Siglo XXI, Argentina,1971).
Espero que les guste tanto como a mi.

No puedo hablar con mi voz sino con
mis voces.


Sus ojos eran la entrada del
templo, para mí, que soy errante, que amo y muero. Y hubiese cantado hasta
hacerme una con la noche, hasta deshacerme desnuda en la entrada del
tiempo.
Un canto que atravieso como un túnel.


Presencias inquietantes,gestos
de figuras que se aparecen vivientes por obra de un lenguaje que las
alude,signos que insinúan terrores insolubles.


Una vibración de los cimientos,
un trepidar de los fundamentos, drenan y barrenan,y he sabido dónde se aposenta
aquello tan otro que es yo, que espera que me calle para tomar posesión de mí y
drenar y barrenar los cimientos, los fundamentos,aquello me es adverso desde mí,
conspira, toma posesión de mi terreno baldío,


no,
he de hacer algo,
no,
no he de hacer nada,

algo en mi no se abandona a la
cascada de cenizas que me arrasa dentro de mí con ella que es yo, conmigo que
soy ella y que soy yo, indeciblemente distinta de ella.

En el silencio mismo (no en el
mismo silencio) tragar noche, una noche inmensa inmersa en el sigilo de los
pasos perdidos.

No puedo hablar para nada decir.
Por eso nos perdemos, yo y el poema, en la tentativa inútil de trancribir
relaciones ardientes.

¿A dónde la conduce esta escritura?
A lo negro, a lo estéril, a lo fragmentado.

las muñecas desventradas por mis
antiguas manos de muñeca, la desilusión al encontrar pura estopa (pura estepa tu
memoria): el padre, que tuvo que ser Tiresias, flota en el río. Pero tú,


¿por qué te dejaste asesinar
escuchando cuentos de álamos nevados?

Yo quería que mis dedos de muñeca
penetraran en las teclas. Yo no quería rozar, como una araña, el teclado. Yo
quería entrar en el teclado para entrar adentro de la música para tener una
patria. Pero la música se movía, se apresuraba. Solo cuando un refrán reincidía,
alentaba en mi la esperanza de que se abasteciera algo parecido a una estación
de trenes, quiero decir: un punto de partida firme y seguro; un lugar desde el
cual partir, desde el lugar, hacia el lugar, en unión y fusión con el lugar.
pero el refrán era demasiado breve, de modo que yo no podía fundar una estación
pues no contaba más que con un tren salido de los rieles que se contorsionaba y
se distorsionaba. Entonces abandoné la música y sus traiciones porque la música
estaba más arriba o más abajo, pero no en el centro, en el lugar de la fusión y
del encuentro. (Tú que fuiste mi única patria ¿en dónde buscarte? Tal vez en
este poema que voy escribiendo).

Una noche en el circo recobré un
lenguaje perdido en el momento que los jinetes con antorchas en la mano
galopaban en ronda feroz sobre corceles negros. Ni en mis sueños de dicha
existirá un coro de ángeles que suministre algo semejante a los sonidos
calientes para mi corazón de los cascos contra las arenas.

(Y me dijo: Escribe; porque estas
palabras son fieles y verdaderas).

(Es un hombre o una piedra o un
árbol el que va a comenzar e canto...)

Y era un estremecimiento suavemente
trepidante (lo digo para aleccionar a la que extravió en mí su musicalidad y
trepida con más disonancia que un caballo azuzado por una antorcha en las arenas
de un país extranjero).

Estaba abrazada al suelo, diciendo
un nombre. Creí que me había muerto y que la muerte era decir un nombre sin
cesar.

No es esto, tal vez, lo que quiero
decir. Este decir y decirse no es grato. No puedo hablar con mi voz sino con mis
voces. También este poema es posible que sea una trampa, un escenario
más.

Cuando el barco alternó su ritmo y
vaciló en el agua violenta, me erguí como la amazona que domina solamente con
sus ojos azules al caballo que se encabrita (¿o fue con sus ojos azules?).

El
agua verde en mi cara, he de beber de ti hasta que la noche se abra. Nadie puede salvarme pues soy invisible aún para mí que me llamo con tu voz. ¿En dónde
estoy? Estoy en un jardín.

Hay un jardín.


2 comentarios:

Arte dijo...

muy bueno.
saludos.
diego.

Carlo dijo...

bonito texto, buscaré el libro.

un abrazo